Sobre el tercertiempismo

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Existe en el rugby un concepto que poco a poco ha ido desapareciendo, pero que tiene un enorme potencial: el “tercer tiempo”, un momento donde el equipo anfitrión recibe a sus rivales desde una lógica más expansiva que la competencia y les ofrece un espacio de hospitalidad alrededor de la comida, la bebida, la conversación, la discusión política, la ironía y el humor afectuoso, y finalmente, el baile. El tercer tiempo irrumpe la estructura binaria del juego de rugby, concebido como un encuentro dividido en dos mitades iguales; entonces, reclama su lugar desde su nombre mismo. Su incorporación resiste la linealidad: si bien sucede de forma posterior al juego, su política se integra de forma constitutiva en todo el encuentro. Así, el tercer tiempo como política replantea las condiciones de la confrontación (deportiva, pero en muchas ocasiones también política) y a la vez plantea la posibilidad de otras formas de relacionamiento a través del formato de la hospitalidad.

De forma gradual, la práctica cultural del tercer tiempo llegó a territorios donde ya regían otras genealogías del anfitrionazgo y cuyas historias culturales se entrelazaron con el desarrollo del rugby. Por ejemplo, el concepto Māori de Manaakitanga, formado alrededor de la hospitalidad, la amabilidad, la generosidad y el mutuo respeto. Si bien el rugby escenificó, durante el s.XX, las profundas contradicciones del internacionalismo y de la fraternidad, supuestamente representados en el deporte internacional, en tiempos recientes, tanto el deporte como el ámbito completo de sus prácticas sociales comenzaron a ser permeados por las culturas históricas de los pueblos del sur donde el rugby se desarrolló de forma más significativa: Nueva Zelanda, Sudáfrica, Argentina, Samoa, etc. Aunque muchas de las luchas culturales sobre raza y género continúan disputándose en el seno de estas selecciones nacionales, la inserción de prácticas plurales del sur actualiza y complejiza el debate político y lo integra a la expresión cultural del deporte.

Por ejemplo, el Haka neozelandés, o el Siva Tau samoano, realizados al comienzo de cada partido, exceden el lenguaje de la competencia para abrir caminos hacia el reconocimiento del oponente, y algunas de sus letras muestran que la confrontación puede contener simultáneamente afirmaciones de identidad, reconocimiento del otro, memoria, supervivencia y celebración. Desde finales de los años noventa, el tercer tiempo ha perdido protagonismo a medida que la profesionalización del rugby ha adaptado sus prácticas a las disciplinas técnicas, mediáticas y económicas de los circuitos deportivos internacionales. En este sentido, la informalidad del tercer tiempo y su carácter festivo generan fricción contra la optimización técnica y económica del deporte profesional.

Tercertiempismo es un lenguaje de operación y una actitud política: okupa el tercer tiempo como imaginario, forma cultural y dispositivo relacional para producir encuentros alrededor de la comida, la bebida, la conversación y la experiencia comunal y somática como formas poco reguladas de intercambio, alrededor del arte, la política, los fenómenos sociales y la crítica cultural. El tercertiempismo es una práctica que interviene la tensión de la lección académica, la conferencia, la exposición, o el performance, para producir modos de estar juntxs donde proliferen subjetividades, se construyan vínculos y se adquieran responsabilidades colectivas. Como infraestructura de relación, el tercertiempismo pretende la desregulación de las condiciones de participación y la coexistencia de comunidades y saberes que en marcos más normativos o formatos sociales y profesionales más establecidos no podrían habitar el mismo lugar.

El tercertiempismo se distancia de gestos coloniales que instrumentan la diversidad y la convierten en práctica de consumo, como performance, como turismo, o como práctica estética/estetizante. Conceptos como “estética relacional” o “arte participativo”, harto fundados en un aparataje conceptual que opera dentro del ethos de la blanquitud, presentan los encuentros de la comensalidad como actos relacionales, pero en la práctica se consumen como servicios que responden a la lógica de un espectáculo. En oposición, el tercertiempismo recoge la idea de que el encuentro conlleva responsabilidades; que no puede desagregarse para ser consumido por cualquiera/de cualquier forma, y que quienes participan de éste deben operar desde el rol de huésped. Es decir, deben observar el entorno cultural, económico y político del anfitrión y reconocer que no todo gesto, momento, o encuentro está igualmente disponible para cualquiera y por cualquier motivo. Si acaso existiera una periferia del tercertiempismo, esta sería primero habitada por las posiciones más privilegiadas de la estructura social dominante.

El tercertiempismo opta por una hospitalidad deliberadamente condicional para así evitar el vaciamiento político del gesto de anfitrionar, convidar y compartir. Por este motivo, rehusa la demanda ansiosa de convertirse en arte; si bien utiliza sus herramientas conceptuales y ocasionalmente opera dentro de sus infraestructuras, evita la banalización del encuentro social que sucede cuando deviene escenificación estética. También se propone mitigar la instrumentalización de los trabajadores precarizados del arte, o de las comunidades racializadas que operan afuera de ese campo: la lógica del tercertiempismo es asamblearia y la estructura y devenir del encuentro dependen de los acuerdos que ocurran en su conceptualización y despliegue. Por ello, una vez que se decide participar en el encuentro, dicha participación conlleva responsabilidades que vinculan a cada participante con la comunidad asambleada en el tercertiempismo.

Las decisiones pequeñas y vinculantes que tienen lugar en el seno del encuentro contribuyen a la acumulación profunda de formas re-imaginadas de lo colectivo. Cada contribución es importante, pues sus efectos se transmiten en el tiempo, al ayudar a construir los siguientes encuentros. La trayectoria de esta acumulación es registrada en la escritura, pero trasciende la lógica de lo textual, al tejerse con las formas de acumulación orales y somáticas de sus participantes.

El tercertiempismo es, finalmente, una ética de relación que señala las múltiples formas de anfitrionazgo, hospitalidad, socialidad y comensalidad que tienen lugar más allá de los opulentos pero relativamente pequeños archipiélagos urbanos del Norte Global y sus réplicas elitistas en ciudades del Sur. Es una forma de recordar que “los demás” somos, de hecho, muchos más. Así, reivindicamos el compartir la mesa como principio asambleario y como espacio de la memoria cultural, en oposición al elitismo de la cocina como servicio de lujo y a la “gourmetización” de la vida en general. La lógica convocante del tercertiempismo invita a la informalidad, al movimiento y al gozo, como condiciones de un compartir complejo y abundante. El tercertiempismo encuentra formas oblicuas de habitar el mundo para contribuir en su re/habitación como territorio de la vida.

—David Ayala-Alfonso

CDMX, octubre de 2026

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